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Título: Julio Bocca: Estoy agradecido y feliz
03/10/2013
Descripción:

DANZA
Julio Bocca: "Estoy agradecido y feliz"
El martes volverá al Colón, pero esta vez no para bailar, sino como director del uruguayo Ballet del SODRE. Aquí cuenta cómo es su vida en Uruguay, qué sintió cuando se despidió de los escenarios y da sus impresiones sobre el regreso al emblemático teatro.


Julio Bocca
03.10.2013
Por Laura Falcoff
Desde 2010 Julio Bocca es director artístico del Ballet del SODRE, la compañía oficial uruguaya que se presenta por primera vez en el Teatro Colón el martes 8 de octubre y a la que Bocca ha dado en apenas tres años una extraordinaria proyección. Ahora son las 9.30 de la mañana en Montevideo y Julio Bocca llegó una hora antes a su oficina y cumplió las siguientes tareas: planificar la conferencia de prensa que hará en Buenos Aires, establecer qué bailarines harán qué obras, decidir quiénes irán próximamente al Festival Cervantino de México, adelantar algunas cosas sobre la temporada que viene, evaluar el presupuesto con que contarán y resolver cuestiones de la audición para nuevos bailarines del 19 de octubre. La reunión llevó una hora. Bocca deja a sus asistentes y comienza la entrevista.

Tu trabajo abarca innumerables cosas. ¿También clases y ensayos?

No doy clases a la compañía, tenemos varios maestros. En los ensayos no intervengo para nada mientras trabaja el coreógrafo invitado; cuando la obra está casi totalmente montada, pulo algunos detalles técnicos e interpretativos.

¿Cómo fue el camino que te llevó a la dirección artística del Ballet del SODRE?

Después de la temporada del 2007, en la que me retiré como bailarín, fui a veranear a Punta del Este, donde había pasado muchos veranos trabajando y sin disfrutar realmente de la ciudad. Durante esas vacaciones fui a las fiestas a las que siempre me invitaban y pocas veces iba. Allí conocí a mi pareja y empecé a venir con más frecuencia a Montevideo; el Uruguay y su tranquilidad me gustaban y fue entonces que pensé “¿por qué no vivir aquí?”. Alquilé un departamento y pasé un año y medio sin hacer nada.

¿Nada?

Nada. A veces iba a Buenos Aires. Me transformé en un individuo normal: desayunaba y si tenía ganas, volvía a dormir; cocinaba, limpiaba el baño, limpiaba mi cuarto, iba al supermercado. Entendí a esas amas de casa que dicen “no hice nada y se me fue toda la mañana”. Eran cosas que en casi toda mi carrera nunca había hecho. Pasé veintisiete años viajando, pasando de un hotel a otro hotel y a otro hotel. Descubrí aquí que había otra forma de vivir. Te aclaro algo: mi corazón sigue siendo argentino.

¿Y después del año y medio?

Vi que todavía era joven y que podía hacer algo más. Me habían invitado muchas veces a dar master-class y siempre había dicho que no, porque sentía que no estaba preparado; también me invitaban como jurado de concursos y me negaba. Retomé contactos y fui primero a Praga; allí hay unos cursos para bailarines, cada semana con un artista invitado diferente. No di clases, sino que enseñé dos solos a los varones: la variación masculina de Diana y Acteón y la del pas de deux de Don Quijote, que imaginate cómo lo sé. Quedé contento, vi que no era tan horrible como pensaba. Luego acepté ir como jurado a Moscú, después a Nueva York y me quedé con ganas de hacer algo más. En ese momento apareció la propuesta de dirigir el Ballet del SODRE, que desde que la sala anterior se había incendiado (nota: la sede del SODRE se incendió en 1971 y el nuevo edificio se reinauguró recién en 2009 ) venía con muchos problemas. Les dije que aceptaba si tenía la más completa libertad para renovar el Ballet desde todo punto de vista. Hubo otra reunión, esta vez con el presidente Pepe Mujica, y me ofrecieron formalmente el cargo de director artístico. Me resultó lindo que un presidente se encontrara con alguien del mundo del ballet. Hubiera sido más normal con un director técnico de fútbol.

¿Qué te interesó?

No había un repertorio ni una programación, tuve la gran suerte de no tener nada, de empezar desde cero. Primero hicimos Giselle, en la versión de la gran bailarina uruguaya Sara Nieto, que también fue pensar que se podían hacer cosas desde aquí. El Teatro Colón nos prestó su producción de Giselle y la de El lago de los cisnes , también de ese año. Y luego vino Natalia Makarova para montar La bayadera , traje coreografías de Balanchine... Mi plan fue armar programas con peso, obras conocidas para volver a traer al público, combinando esto con una visión personal de lo que me gusta y con lo que los bailarines pueden hacer, porque no están preparados para hacer todo. Vi muy bien a la compañía en mayo pasado, en parte del programa que llevan al Colón. Los maestros que vienen a dar clases cada tanto tiempo, que la vieron en los comienzos y la ven ahora, me dicen cómo ha mejorado. Me cuesta verlo, quizá porque estoy demasiado cerca, aunque por supuesto les creo. Sé que aún falta mucho, pero ya es otra compañía grande de la región: sesenta y cinco bailarines, cuatro programas por año y cerca de noventa funciones anuales.

Algunos meses después de que asumieras me hablaste de tus planes: traer obras de Jiri Kylian, de William Forsythe. No te lo dije, pero lo pensé: “qué utopía”. ¿Cómo hiciste para lograrlo?

Tenemos un presupuesto, sponsors y el ingreso por venta de entradas, que ha crecido de una manera increíble en estos tres años y medio. Para El lago de los cisnes de este año hubo 20.000 espectadores. Una gran producción -trajes y escenografía- hecha totalmente aquí y que cuesta muchísimo menos que si se alquilara afuera. Y así también se forma gente en los talleres de escenografía y vestuario.

¿Cómo elegiste el programa que presentarán en el Colón?

Quería llevar obras que no se hubieran visto allí, o que al menos no estuvieran en el repertorio del Colón. Son tres obras contemporáneas y un pas de deux de El corsario, no tan visto y que es una forma de mostrar que también ( se ríe ) hacemos obras clásicas.

¿Qué sentís en esta suerte de regreso al Colón?

Muy feliz de volver y también nervioso y ansioso. Estuve en el Colón hace dos años, en una gala a la que invitaron una pareja del Ballet; hicieron el Adagietto de Oscar Araiz. Fue muy lindo, pero ahora siento temor porque es otra etapa mía, en la que estoy aprendiendo y desarrollándome como director de una compañía. En pocas palabras: feliz y agradecido de que me hayan dado esta oportunidad.20:02 03/10/2013

 
 
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